martes, 28 de octubre de 2008

INSEGURIDAD Y CRIMEN ALMAS GEMELAS DEL SISTEMA


Hace cuatro años y medio se producía la primera de las movilizaciones llamadas por Blumberg que concentraron la mirada y el anhelo de millones de personas esperanzadas con lograr que la inseguridad y el crimen desbocados tuvieran un freno. A esta movilización se sucedieron otras con el mismo motivo y logrando iguales resultados: La mas absoluta NADA. Hoy el delito de todo tipo se enseñorea a sus anchas logrando que la gente decente se encierre detrás de rejas, mientras el malandraje se torna una suerte de fuerza de ocupación, pasando a ser mano de obra ocupada de los punteros de la política y tropa auxiliar del narcotráfico.

Recordemos también que el personaje que llamara a esas movilizaciones dilapido desde el primer momento el crédito que había logrado, transando con el gobierno y con los políticos del sistema, principales culpables de la inseguridad y la delincuencia por muy variados motivos.

Siempre tuvo un discurso medroso y trató de no decir directamente cual era el problema que había detrás de la inseguridad, si es que sabía realmente cual era. Nunca llamo las cosas por su nombre. Siempre tuvo temor de las críticas de la prensa o de los grupos progresistas e izquierdistas, que velan por la observancia de los derechos de delincuentes y asesinos de todo pelaje. Los que consideran a los chorros victimas del sistema: Ni estos promotores del mundo del revés ni los partidarios de la denominada “mano dura” ayer conmilitones de Blumberg, lograron entender el problema complejo de la inseguridad y el delito. Ambos tienen una visión ideologista de la cuestión, por ello la realidad les resbala.

Hoy, como ocurre cíclicamente, las marchas y los reclamos están a la orden del día, los crímenes brutales y sin sentido también.

Mientras no nos demos cuenta que este sistema político, económico y cultural es la madre de la inseguridad y otras pestes que padecemos seguiremos dando vuelta en la noria, pidiendo que se comprenda a la delincuencia como una reacción a la desigualdad social por un lado como lo hace el pervertido progresismo, el garantismo penal y el abolicionismo y por otro lado como la derecha solicitando reducir la edad de imputabilidad y “urbanizar las villas de emergencia”. Creemos que ambos términos no son solución para nada, sino que tienen su parte en la formación de este enorme y trágico problema.

Reproducimos un articulo aparecido hace también cuatro años , y medio en el periodico Patria Argentina y que describe bastante acertadamente el problema. Al mismo tiempo podremos apreciar como la denominada clase política, podrida moral e ideológicamente hasta el tuétano, prometió miles de cosas que jamás cumplió. Por lo cual hoy estamos igual que ayer.


El Sistema: causa de la inseguridad la delincuencia y el crimen

Finalmente el problema estalló en las barbas del sistema. Con reminiscencias propias del 19 y 20 de diciembre del 2001, la manifestación convocada por el padre de Axel Blumberg, joven asesinado por una banda de desalmados que lo habían secuestrado días antes, se constituyó en el hecho político de los últimos tiempos volviendo a poner sobre el tapete la realidad ,esa especie de cenicienta, relegada al desván de las cosas olvidables por los medios de comunicación social y los comunicadores gubernamentales, que en un primer momento sintieron temblar sus piernas ante el murmullo de una muchedumbre pocas veces vista en los últimos tiempos y que ellos con el presidente a la cabeza no fueron capaces de movilizar enarbolando la bandera de la perversión de la memoria histórica (ESMA) o los billetes de las dádivas sociales sucedáneos de los puestos de empleo que no pueden y no son en definitiva capaces de generar.
El reclamo era clamor de cientos de miles de gargantas apiñadas en los aledaños del Congreso, el repudio a los políticos a la judicatura regiminosa y la policía venal y pervertida aun más, por la misma política que hoy destruye las entrañas de la Patria, se hacia oír a pesar de la sordera que fabricaron para taparla los diferentes medios de comunicación social con Canal 7 a la cabeza, conducido por la mujer del terrorista Miguel Bonasso, a la sazón hoy, y como no podía ser de otra forma, diputado nacional por arte de las listas sabanas y de los nombres que encabezan las boletas electorales.
Para estos personajes, solo existen las movilizaciones de la izquierda y de los núcleos residuales de la guerrilla (mal llamados Defensores de los Derechos Humanos).
Para ellos la gente no había salido a la calle a exigir uno de los derechos fundamentales: que el Estado les provea seguridad contra los criminales, asaltantes, secuestradores y degenerados que el mismo sistema fabrica. Para lectores e interpretadores de la política solo era una manifestación contra la Policía Bonaerense, como lo intentara presentar el actual boletín oficial que se da en llamar Página 12.

Al mismo tiempo se trataba de despegar al Poder Ejecutivo Nacional de la ya desgastada y exangüe figura del incompetente Solá, solo sostenido a regañadientes por el capomafia de la Provincia, para ver de salvar lo salvable de la previsible debacle.
El “kakismo” en pleno se llamó a tan desesperante y necesaria tarea de separar el desastre del Gran Buenos Aires de la supuesta ejecutividad y diligencia de las áreas que compete administrar poder central. No obstante lo cual no pudieron despegarse del reclamo airado de la ciudadanía que en forma multitudinaria, digamos que, se autoconvocó por la acción de un personaje más que singular como lo es el Sr. Blumberg y con la ayuda inapreciable sin duda, de medios de comunicación adictos al cadáver (no exquisito) del menemismo y por transitivo carácter a sectores de poder cuya residencia sería yanquilandia.
Los pocos funcionarios “kakistas”, que quedaban en la Casa Rosada, primera ciudadana incluida, luego de un conveniente viaje presidencial, sintieron sobrevolar sobre ellos el fantasma del helicóptero de De la Rua cuando parte de la sana multitud reunida se dirigió hacia la plaza de Mayo. Pero esta vez, lease bien solo por ahora, las cosas no pasaron a mayores para ellos. El monstruo de mil cabezas al que tanto les gusta adular para luego estafar sin miramientos, solo se limito a gritar y dejar como presente y advertencia las velas que había llevado a la marcha. Allí, y por el momento había terminado la cuestión. Debían ahora verse los efectos de las peticiones que se realizaran durante el mítin a los abucheados legisladores y cuales serían las consecuencias en la clase política.
Al parecer muchos no se dieron por aludidos, la Patria Progresista, madre del garantismo penal y de muchas lacras más se niega a escuchar y continúa atada al discurso que les dicta la mente de una caterva de ideólogos, remedos grotescos y baratos de Teodoro Adorno o de Gramci. Después de 20 años de uso irrestricto del poder, de manejo discrecional de la cultura y la educación y de los medios de comunicación (insuflando el discursete de la “otredad” y los derechos humanos), de la política y en algunos casos de la economía, todavía tienen el coraje de mirar para otro lado y hacerse los desentendidos de los desastres por ellos mismos causados. En cierto modo es lógico, con el experimento “kakista” han puesto toda la carne al fuego y no pueden permitir que el mundo real se interponga para impedir llevar a la práctica sus geniales elucubraciones. Es la ultima oportunidad que les queda para ofrecerse de solución siendo como son parte del problema. Estan locos de contentos con esa recicladora de basura que se da en llamar transversalidad, después de esto o mejor dicho fracasado esto, está para ellos el abismo, no van a escribir más en Clarín, van a tener que comprarlo para buscar trabajo.
Al mismo tiempo la izquierda, que no puede pervertir, infiltrar ni disolver el reclamo popular, como lo hiciera en diciembre del 2001, tan ajeno como es a sus banderas, asociada con el “kakismo” se ha dedicado a acusar de nazis y “manoduristas” a los concurrentes a la plaza de los dos congresos, con la misma perseverancia que guardara silencio ante el cumplimiento irrestricto del pago de la deuda externa que hiciera el Presidente.
La orate Bonafini, que mientras se desarrollaba la marcha festejaba en las inmediaciones los 40 años de la narcoguerrilla Colombiana, como la petulante truchiabuela Carlotto repudiaron a los asistentes a la marcha hermanados con el indigerible juez Zaffaroni, pionero en el arte de hacer zafar de la carcel a delincuentes y violadores y heraldo de la justicia según la entienden Kischner-Verbitzky y el impoluto y católico Beliz.
Otros representantes del zurderío, olvidando su militancia antidiscriminatoria, acusaron a la gente congregada de ser de clase media y clase media alta, como si eso fuera algo desdoroso e impidiera que pudieran pronunciarse libremente.
Pocos días después el parlamento, asustado, se dignó tratar, al menos módicamente lo solicitado por Blumberg. Con la disconformidad de los diputados progres agravó las penas para delitos varios y modificó el regimen de excarcelaciones. Mientras de un extremo al otro del espectro político relumbraba el odio por la abrumadora convocatoria que para los profesionales de esa actividad resultaría más que imposible congregar. Como una burla más a los congregados el 1 de abril, Solá, con el guiño de su mandamas designó nuevo responsable de la seguridad en la Provincia. El rostro regordete y el pelo pintado de Arslanian demostraban que nada cambiaría en esa materia y auguraba más muertes, más dolor y más garantismo para los delincuentes.. El presidente desde Santa Cruz hacia el mismo comentario que todos los progresistas cuando se habla de los índices de inseguridad apuntaba a la policía, no a la delincuencia. Más de lo mismo. Los políticos seguían sin escuchar, creyendo que todo esto es un juego en el cual a ellos no puede pasarles nada. En esto último se equivocan rotundamente. Lo tolerable ya llegó al límite y la paciencia de la gente parece que también.

El petitorio y las causas verdaderas de la inseguridad

El petitorio Blumberg que se presentó al parlamento, adolesce de una formulación simple y nacida del más sano sentido común pero es notoriamente incompleto. Solo ve las consecuencias de algo que va más allá del delito en sí y que se interna en los laberintos de este régimen perverso que oprime a la Argentina, no deja de ser, más allá de lo atinado de muchas de sus formulaciones, una solución incompleta y en el fondo una salida inadecuada.
La vigencia de este sistema político económico y cultural es la verdadera causa del soberbio reinado del crimen. Si se analiza fríamente los puntos del petitorio se puede observar que solo va sobre la consecuencia de algo mucho más amplio, a lo que durante el programa de televisión de Grondona el mismo Blumberg aludió oscuramente.
En efectos, la segregación hacia los márgenes del sistema de amplísimas capas de la sociedad impulsadas por el horror económico, la desaparición lisa y llana del Estado como elemento de contrapeso en las relaciones desiguales entre particulares y la deserción del mismo en la provisión de los servicios que le son propios como la salud, la educación y en el caso que nos ocupa la seguridad, han llevado a una importante porción de los argentinos a vivir bajo el paraguas de la Providencia.
La reestructuración del capitalismo, vigente desde hace treinta años, ha acarreado el cierre de innumerables fuentes de trabajo, determinando niveles elevadísimos de desocupación y sub ocupación, así como la extranjerización permanente de recursos sobre la base del pago de los servicios de una deuda impagable, sustrayendo esos recursos y riquezas para engrosar las arcas de la usura internacional. Todo esto fue realizado durante la plena vigencia de la sacrosanta democracia y por medio de la partidocracia que en forma hipócrita o esquizofrenica se rasga las vestiduras hablando de los pobres y los marginados cuando ella misma los fabrica. Solo este año se extranjerizarán cerca de 10.000 millones de dólares.
Se agrega a la vertiente económica del sistema lo cultural o psicosocial, que determina una suerte de anomia de la sociedad y más aún de las porciones más jovenes de la misma que se desenvuelven en un ámbito de permanente disolución y cuestionamiento de valores antes incuestionables. La desaparición de la idea de pertenencia a una nación, a una familia, la difusión de la cultura de las drogas y de la música basura que la propagandiza ( rock, punk-rock, cumbia villera) disfrazada en muchos casos con el manto de una suerte de contestación social, el estímulo de conductas indecorosas y de destrucción de la moral sexual especialmente desde los diferentes medios de comunicación, como la TV con sus espectáculos grotescos o bizarros profundamente imbecilizantes, la prolongada exposición a actividades “opiaceas” como el futbol y los espectáculos deportivos elevados al rango de “cuestiones importantes”.
Muchas de las cosas reseñadas son elementos predilectos de manipulación del progresismo, esa mixtura informe de neomarxismo de Frankfurt, gramscismo y freudismo psicoanalítico que durante estos últimos 20 años a pasado de hacer la crítica del discurso dominante a ser el discurso del régimen en la cultura y especialmente en los medios de comunicación masiva, desde donde se ha dedicado con empeño a la destrucción del principio de autoridad, de la unidad de la familia y de los principios inculcados en el hogar especialmente en lo relacionado a la religión y la moral , el honor y el patriotismo tratando de identificarlos con el nazismo el autoritarismo o la dictadura, tal como hoy en día hacen con aquellos que piden seguridad y protección contra el crimen desbordado.
Todo aquello que huela a autoridad, a freno de la libertad en clave de desborde o caos será inmediatamente descalificado, estigmatizado, ridiculizado. Así el militar será siempre un genocida, el policía un asesino represor y coimero, los padres serán castradores del hijo, los sacerdotes y religiosos hipócritas libidinosos. Los próceres y modelos del pasado histórico serán descalificados y rebajados a la categoría de viciosos, egoístas ambiciosos o vulgares depravados. La verdadera memoria histórica pervertida y sustituida por mitos descerebrantes y mentiras repetidas y gravadas sobre la base de la propaganda ideológica.
Así se va fomentando un hombre anómico y desarraigado, sin límite moral de ninguna naturaleza, inclinado a satisfacer sus necesidades y las que le crean desde la propaganda de los mismos medios de comunicación que le destruyen moralmente. Necesidades de dinero, de disfrute de bienes materiales y de sexo. Un hombre sin referentes, sin arraigo, intoxicado en muchos casos por la narcodependencia o el alcohol. Un hombre que será un barril de pólvora que explotará contra la sociedad que lo margina económicamente, que le pasa permanentemente por las narices cosas y disfrutes que no puede adquirir de otra forma que no sea mediante el delito. Hombre al que, al mismo tiempo, se le han destruído todos los parámetros, modelos a imitar y pautas y frenos morales haciéndosele creer en muchos casos que su acción es una contestación al sistema.
Esta es la mezcla explosiva que deja a la vista una verdadera guerra desatada en el cuerpo maltratado de nuestra Nación y hace sospechar la acción deliberada en toda esta cuestión de fuerzas exógenas que tratan de profundizar la disolución en la que nos estamos sumiendo.
En esto último tendrán una importante incidencia los sectores abolicionistas del derecho penal que desde hace 20 años vienen difundiendo la cultura ideológizada de los Derechos Humanos, y a los que no son para nada ajenos los núcleos residuales del terrorismo (mal llamados Defensores de los Derechos Humanos). Muchos de los integrantes del elenco estable de la judicatura regiminosa, aún en los estamentos más altos está formada por progresistas del derecho, conocidos popularmente como garantistas. Los “jueces zafaroni” expertos en zafar delincuentes de la cárcel han sido causa eficiente de muchos de los dramas y de los crímenes que se han producido por haber liberado a delincuentes que debían estar bien guardados. Es que esta gente cree que los delincuentes son víctimas del sistema capitalista cuando son fruto de un régimen del que ellos mismos forman parte de forma indisoluble y necesaria. Ellos, con sus postulados y formulaciones demenciales, contribuyen a formar la mente del delincuente y a premiarlo finalmente con la impunidad. Así como en la década de los 70 los terroristas castristas eran los "heróicos combatientes" o los "militantes populares" que encarnaban la rebeldía contra el capitalismo, hoy los delincuentes se constituyen en una contestación suis generis contra ese sistema y los presos por delitos comunes son llamados "presos sociales".
Por todo lo aquí someramente expuesto es que el petitorio Blumberg, más allá de lo bien intencionado y cimentado en el sentido común, se trata de una visión parcial de la cuestión.
La única forma de extirpar la inseguridad es extirpar principalmente sus causas, sin perjuicio de castigar draconianamente a la delincuencia, se esconda donde se esconda y sea o no apañada por la policía o el poder de casiquillos políticos locales.En definitiva solo se podrá extirpar la inseguridad si se extirpa el régimen que la alimenta y apaña. Cualquier otra cosa es pretender curar el cáncer con una aspirina

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